La Palma.

La travesía en el mar que vivo, por el océano que surco, enfiló el norte. Con este rumbo en la rosa de los vientos y partiendo del sur de Tenerife, si a babor asoma la pirámide estilizada del Teide y a estribor caen vertiginosos los barrancos del levante gomero, el destino solo puede ser la isla que dicen bonita.

LA gomera

E la nave va… y en la busqueda de la Emoción  vamos yendo cada día con más deseo, el mismo con el que huimos del teatro de las representaciones vacias, creo en la verdad de los que cuidan las mil terriñas del vino, los que interpretan sus lares y luego los embotellan para nuestro placer, para nuestra sed, para nuestro sustento de vida.

La isla bonita, para mi también de la calma, donde la tranquilidad existe entre lo erizado y sinuoso de una geografía vibrante, de vida y de colores con todas las tonalidades, tranquilidad que se impone atravesando toda la vida no geológica de la isla.

Tranquilidad que transmite el acento palmero, me pareció el más fino y elegante de todas las ínsulas. Suave entonación y cariñoso ritmo en las palabras que se suceden como una música que no merece ser interrumpida.

Además de esta calma contagiosa, en la viticultura palmera destaca el protagonismo femenino: Eufrosina (Vinos El Níspero) por la puesta en valor de una albillo minusvalorada, su hermana Onésima (Vinos Vitega) en la defensa de los Viños de Tea, que épocas recientes fueran ensuciando con elaboraciones deficientes y por eso mismo despreciados por los mismos palmeros. Y Victoria Torres…

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La viticultura palmera de cepiñas diversas (Albillo criollo, sabro, bujariego, gual, marmajuelo, tintilla, negramoll, listan prieto, bastardo, almuñecar, listan blanco y negro…) que desde Europa allí se aposentaron habitando vidueños tradicionales, donde conviven juntas, mezclados con los viñedos contemporáneos, esa especie de apartheid donde son plantadas por su apellido. La cultura de la vitis tiene en la isla espacios diferenciados: al noroeste Garafía y Tijarafe, en el sur Fuencaliente y Mazo en el este.

Las viñas de Fuencaliente ascienden desde los 300 metros de las bases volcánicas del Teneguía y del San Antonio hasta los más de mil metros entre los bosques desde los que arranca la espina dorsal volcánica de la mitad sur de la isla. De arrastrarse sobre el picón a elevar el tronco entre el pino canario. Los pagos más emblemáticos de Fuencaliente son Los LLanos negros, las Machuqueras y Las Caletas, auténticos crus que la sensibilidad de Carlos Lozano (Bodegas Teneguía) y de Victoria (Bodegas Matías i Torres) harán que veamos en las copas sus reflejos asomar.

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Las Machuqueras (Teneguía a la derecha y San Antonio a la izquierda)

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Los Llanoa Negros

Victoria Torres llevaba cinco años en la estela de su padre, acumulando la experiencia que le iba legando, complementandola con esa sensibilidad que desprende desde la primera sonrisa con la que te recibe, y un instinto creativo evidente. Sensibilidad y creatividad natural que ahora siente la sensación de vacio que deja el padre y el vértigo del camino que está empezando a recorrer en solitario.Transmite la pasión que emociona. Posee eso que sustenta a los vinos que a mi más me emocionaron: el fruto de la experiencia de los ancestros, de las generaciones que fueron transmitiendo su experiencia con fundamento y orgullo, unido al instinto y la sensibilidad interpretativa de los viticultores que recogen ese legado.

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Victoria se mueve con ternura entre las cepas de Fuencaliente, por los parajes de los Llanos Negros o las Machuqueras, todos ellos esculpidos por los volcanes Teneguía y San Antonio, o por las viñas escondidas en los bosques que coronan las medianías por encima de la villa. Igualmente en la bodega entre las barricas, varias de ellas viejas de castaño, y un lagar usado!! que gusto da mirar un lagar tintado después de cientos de ellos como simples adornos.

Ternura que luego bebemos en la copa. Vinos elegantes y femeninos, o, para quien no entienda esta definición, la sensación de aromas sutiles pero profundos en un cuerpo que pasa con maneras elegantes, y finura, estilo que no satura ni recarga en ningún sentido, que no necesita fuegos de artificio ni músculo para dejar poso. Con todos sus vinos tuve esa sensación, tanto en las diferentes versiones del negramoll, variedad que trabaja con devoción, que reposaban en las barricas: el negramoll de la zona alta y boscosa más frutal y balsámico, o el carácter más acusado del que crece sobre el picón mirando el mar desde las faldas del volcán Teneguía, o el que viene de la vecina villa de Mazo que parece una mezcla de los dos anteriores con más complejidad y longitud, el Albillo criollo fresco de aromas nítidos y limpios, el negramoll dulce que fluye sin ninguna pesadez, y la maravilla de la malvasía.

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Carlos Lozano en Bodegas Teneguía tiene una labor menos fácil por el volumen que elabora, alrededor de las trescientas mil botellas, gestionando una vendimia que en esta isla resulta más complicada de lo que parecería por su tamaño: un elevado número de viticultores esparcidos por toda la isla, de norte a sur, con diferentes alturas en cada punto geográfico (de los 300 a los 1500 m.) una variopinta familia varietal y diversidad microclimática. Por ello la vendimia se alarga más de dos meses.

Los vinos Teneguía son fieles a su territorio: atlánticos y varietales, con una relación calidad precio impresionante. Pero Carlos aún no destapo el jarro de las esencias, guarda en barricas y en varios depósitos vinos de los pagos más emblemáticos elaborados por separado y algunos blancos con tiempo… sorprenderán. Capítulo a parte son las naturalmente dulces Malvasías, las más brillantes de todas las islas del archipiélago.

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La Palma está cogiendo impulso para profundizar en su potencial y mostrar la identidad de las diferentes terriñas. Por eso lo que bebemos ahora es el anuncio de los vinos que vendrán, un camino apasionante. Carlos y Victoria están en ese sendero. Pero ya hay algúna historia nueva por el norte, o el proyecto de formar a los nuevos viticultores, y ahí está el amigo Borja Pérez (Ignios) impartiendo diferentes cursos de la mano del consejo regulador. Por eso habrá que estar atentos a los vinos que vayan saliendo, o volver más veces a la isla bonita y calmosa.

En el claustro de la Catedral de Tui esperamos a Victoria (Matías i Torres) y a Carlos (Teneguía) para que la Emoción sea gracias a ellos también.

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