Ye / Lajares

Un trozo, una suerte, un pedazo, una pieza, un pago… también un clos orante, amurado, una esquina de la macaronesia más árida que renace todos los años en la aldea de Ye (Haría)

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En la falda del volcán de La Corona que enfila la proa norteña de Lanzarote, sobre el archipiélago Chinijo, en el suelo volcánico más viejo de la isla está la viña del abuelo de David. Con los brazos abiertos a la humedad oceánica que el alisio acerca con generosidad… luz amplia y cercana de un azul limpio que veloces nubes blancas atraviesan a menudo, al alcance de la mano.

Norte que asoma bajo el viejo volcán

Malpaís que en el vértigo de la caída alargo en el mar la tierra

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Pequeños muros de roca volcánica (como para la Galicia atlántica los pilares de granito, de belleza ancestral) que acogen y protegen una mezcla varietal, simbiosis plural para multiplicar la profundidad, la longitud, los matices y la esencia de un lugar… Alma de una gota del planeta, de la diversidad de la tierra. Listán negro con la malvasía, el diego y otras, sobre el rofe.

Ahora, pocos días después del solsticio de verano, en la noche de San Juan, el mismo día que nací, descorcho el fruto embotellado de esa viña y nace para mi el vino que con cariño embotellamos.

Bravo y rabioso rompe en el paladar con toda la hondura volcánica, escondiendo el primario más sútil, antes de que la vida de las plantas, de las frutas y de las flores vuelva a crecer tras la erupción, sobre el malpaís, tras el negro profundo, el fuego y la sangre… esperaremos por la vida sobre la tierra del fuego.

Así vive ahora el vino de la añada 2014 de la viña del abuelo de David, baijo el volcán de la Corona, en Ye.

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*fotos: la viña de David, el Archipiélago Chinijo y, naturalmente, en La Graciosa mirando Alegranza

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